SI PARECE MAYOR , LA CULPA ES SUYA

Facebookgoogle_plusFacebookgoogle_plus

El estilo de vida es el causante de gran parte del deterioro físico. El objetivo del ‘proaging’ es una madurez llena de vitalidad, sin achaques

“Cada vez que me dicen que soy demasiado mayor para hacer algo, lo hago inmediatamente”, dijo Picasso, que murió pasados los 90 años en plenas facultades creativas. Quizás, sin saberlo, había puesto en práctica una de las maneras más eficaces de luchar contra el deterioro de la edad, mantenerse activo. Hoy, ser nonagenario ya no es excepcional; y dentro de 30 años será habitual. Alentada por la necesidad psicológica y física de llegar a viejos sin ser decrépitos y avalada por nuevas disciplinas científicas, la medicina antiaging es sin duda la reina de las terapies del nuevo siglo. Pero: ¿funciona? ¿Conseguiremos ser jóvenes con 80 años, frenar el envejecimiento?

A lo largo de los siglos, la búsqueda de la eterna juventud ha sido una constante en todas las civilizaciones pero todos los recursos han sido en vano. La inmortalidad no es humana. Hoy, el realismo científico ha suplido a la magia de antaño, pero la búsqueda continúa. Investigadores de todos los ámbitos se afanan por encontrar al gen o genes de la longevidad, desvelar el porqué del deterioro físico y mental, descifrar la bioquímica hormonal o explicar las razones que irremediablemente nos conducen a la muerte. Envejecer, de momento, no tiene cura; sin embargo, como dijo el actor Martin Held, “todo el mundo quiere llegar a viejo, pero nadie quiere serlo”. Y ante la halagüeña perspectiva de sobrepasar los 80 años que nos depara la esperanza de vida occidental, todas las disciplinas implicadas han abierto una nueva vía de investigación en la que el estudio del envejecimiento es el rey.

Para que los años se noten menos

1. Controlar el consumo de alcohol. Deshidrata y aumenta la producción de radicales libres.

2. No fumar. Según la Sociedad Española de Medicina Estética, los fumadores envejecen 2,5 años más por cada 10.

3. Tener pareja estable. El sexo libera hormona del crecimiento que ayuda a mantener la elasticidad de la piel, según el doctor David Weeks.

4. Ejercitarse con moderación. Comprobado por los investigadores de la Universidad McMaster (Ontario).

5. Reírse con los amigos. Reduce el estrés, que acelera el acortamiento de los telómeros.

6. Protegerse del sol. Es el principal agente externo de envejecimiento.

 

Edad cronológica y biológica

No todos nos marchitamos igual. Las huellas del tiempo cambian según el individuo, su herencia genética, hábitos y condiciones ambientales. De ahí que todos tengamos dos edades: la que marca el DNI o edad cronológica, y la que nos dicta el estado de nuestro organismo o edad biológica. Hay quien supera los 50 años sin necesidad de usar gafas y quien se las tiene que colocar a los 20. Quien tiene problemas motores con 60 y quien cumple su sueño de tirarse en paracaídas con 70 porque su cuerpo se lo permite. La vejez es una compañera inexorable de los años, pero no a todos nos ataca igual: que una persona tenga una presbicia temprana no significa que los demás órganos vitales hayan envejecido del mismo modo. No hay una fórmula infalible para calcular la edad biológica, pero la medicinaantiaging, a través de diferentes mediciones y análisis, es capaz de averiguar el estado real de la mente y el cuerpo.

“Cuantos más parámetros podamos medir”, “mejor idea nos podremos hacer de si una persona está mejor o peor en comparación con la población de la misma edad cronológica y aplicar el adecuado tratamiento antiaging“. Según la OMS, los azares biológicos o la genética que influyen en el envejecimiento y condicionan nuestra salud se elevan a un 27%, el estilo de vida un 43%, el sistema sanitario un 10% y los factores culturales y psicosociales un 20%. Así, nuestra forma de envejecer está sometida casi en un 70% a la tiranía de acontecimientos aleatorios, al azar. Aleatorio o programado, el proceso de envejecer es imparable, pero sus consecuencias se pueden prevenir y paliar, o al enos es lo que preconiza la medicina antiaging o medicina del envejecimiento, cuyos argumentos de actuación se basan en ambos criterios y las teorías que la sustentan.

Nunca es tarde para cuidarse

Hacerse un tratamiento ‘antiaging’ no significa quitarse 15 años ni que a uno le den las coordenadas para viajar a la juventud

¿A qué edad conviene realizar este tipo de tratamientos para que ser viejo no sea un lastre personal y ajeno? Es la pregunta del millón. “Entre 40 y 50 años es perfecto, pero también se obtienen muy buenos resultados en edades posteriores”. Someterse a una terapia antiaging no es comprar una píldora de la eterna juventud. Aunque cada clínica tiene un proceder diferente, en todos los centros notables lo dejan claro desde el principio: hacerse un tratamiento de este tipo no significa quitarse 15 años ni que a uno le den las coordenadas para viajar a la juventud. Esta terapis no es más que un estudio profundo del estado físico y mental y del funcionamiento del organismo, que servirá para prevenir males en el futuro, corregir los presentes y ponerse en plan para toda la vida. Para conocer el estado de los órganos vitales se estudian la sangre, la saliva y la orina. Son los denominados biomarcadores objetivos. Por otro lado, se miden los subjetivos como los síntomas externos -digestivos, cardíacos, psicológicos, motores o sociales-. Toda esta información, junto con un exhaustivo historial familiar y personal realizado por médicos de distintas disciplinas, forman el conjunto de datos para establecer un plan de actuación absolutamente personalizado que incluye: dieta, programa de ejercicios mentales y físicos, y receta de las vitaminas y minerales que sean adecuados. Además, todas las clínicas proponen un plan de seguimiento que irá cambiando según las necesidades que se planteen.

¿Hasta cuándo se puede vivir?

Hay quien ha llegado a los 122 años. Un caso raro, claro, pero que gracias al aumento de la calidad de vida, los avances científicos y los recursos higiénicos sanitario podrían alcanzar muchas personas en los próximos decenios. ¿Cómo? Además de por herencia genética de la longevidad – que sí, que llegar a nonagenario también se hereda-, porque el futuro nos depara sorpresas prodigiosas en génica, nutrición farmacopea…, que nos ayudarán a ser jóvenes con 80 sin pócimas milagrosas, sino por logros científicos. Los chips genéticos, por ejemplo, que ya permiten conocer la susceptibilidad individual ante problemas tan comunes como las enfermedades cardiovasculares, neurovegetativas, diabetes o cáncer, y detectar los riesgos y evitarlos antes de que la enfermedad aparezca, es decir, mediante el diagnóstico precoz; y por otra parte, gracias a la acción farmacológica.

Para entendernos: entramos en la era de las ciencias genómicas (basadas en el estudio y comprensión de la genética) que darán lugar, por ejemplo, a la nutrigenómica, capaz de valorar con una gota de sangre que alimentos son más beneficiosos o perjudiciales en función de nuestros genes; las dietas serán personales e intransferibles y además del sobrepeso, evitarán muchas enfermedades asociadas al comer por exceso o por defecto. La farmacogenómica, por su parte, será capaz de intervenir en la activación de los genes que nos protegen frente a determinadas enfermedades y silenciar las que las potencian.

Eternamente no, pero vivir muchas más años y en buenas condiciones es una promesa que se cumplirá. Las bellezas septuagenarias -Jane Fonda, Lauran Bacall- no serán ya solo cosa de Hollywood, el bisturí o los retoque; sino que llegar a los 55 como Sharon Stone será tan frecuente como tener el primer hijo, a partir de los 35, algo impensable hace 20 años.

Medicina personalizada

Hoy, se reacciona ante la aparición de una enfermedad, pero en el futuro se podrá actuar antes de que aparezca y esto conducirá a la ampliación del tiempo que una persona pueda vivir sin enfermedades asociadas a la vejez

María Blasco, directora del CNIO

En abril de 2003, dos años antes de lo previsto, la ciencia anuncia al mundo que el mapa genético humano, el genoma, también denominado mapa de la vida, se había completado con éxito. Un hallazgo que se ha convertido en el protagonista de la nueva medicina, que estudia a cada individuo en particular, previene antes que curar y busca la regeneración de los órganos dañados, a través de las células madre, en vez de sustituirlos o extraerlos. “Hoy, se reacciona ante la aparición de una enfermedad, pero en el futuro se podrá actuar antes de que aparezca y esto conducirá a la ampliación del tiempo que una persona pueda vivir sin enfermedades asociadas a la vejez”, afirma María Blasco, directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) y jefe de grupo de Telómeros y Telomerasa. Este equipo es responsable de la creación de un test, Life Lenght -mide la longitud de los telómeros (extremos de los cromosomas) de las células madre; cuanto más cortos sean más viejos somos-, que junto con los test genéticos esperan poder cambiarnos la vida.

Como alega José Ignacio Lao, médico genetista coautor de biochip de ADN, y director del Centro Genomic Genetic International, “los avances en medicina genómica, que llegan con mayor rapidez de la prevista, nos demuestran que el concepto que tenemos de enfermedad es obsoleto y que en el futuro será equiparable a lo que hoy llamamos síndromes”. ¿Significa que somos inmortales? No. A través de un análisis específico podremos adelantarnos al devenir, fintar aquellas dolencias que padecieron nuestros antecesores atrapados por sus genes o saber cómo nuestro estilo de vida está influyendo en nuestra edad biológica, que al fin y al cabo es la que manda. Enzimas y genes son los pilares de un futuro que es hoy.

David Sinclair, genetista y codirector de los Laboratorios Paul F. Glenndedicados a la investigación biológica del envejecimiento, y conocido como el alquimista del Resveratrol (macroantioxidante de moda para prevenir los achaques de la edad) asegura que en el futuro será posible revertir y ralentizar las huellas del paso del tiempo en el organismo gracias a una píldora capaz de estimular de forma permanente una sustancia conocida como NAD (Nicotinamide Adenine Dinucleotide). “Es una sustancia”, argumenta, “esencial para la vida de todos los organismos; recientemente, se ha descubierto que el cuerpo humano también la utiliza para revertir los daños que provoca el envejecimiento y aumentar las defensas orgánicas frente al mismo. Cuando hacemos ejercicio y llevamos una dieta sana, los niveles de NAD aumentan. Pero con el paso de los años, el cuerpo deja de sintetizarlo. El futuro está en encontrar un camino que nos ayude a reponerlos”. Quizás, en una década la píldora de NAD sea tan común para mantener la juventud como lo es hoy la cosmética de tratamiento.

PUBLICADO EN : http://elpais.com/elpais/2015/09/09/buenavida/1441794097_548979.html?id_externo_rsoc=FB_CM

Facebookgoogle_plusFacebookgoogle_plus